viernes, 11 de septiembre de 2009

Amado Nervo


Vida Nada me debes....
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas....
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

El camino de las amapaolas....


La isla se regenera a si misma sabiamente cada primavera, el familiar paisaje del mar compite con los colores de las amapolas, que animan las caminatas diurnas...
Sueño, imagino y vivo simplemente embriagada por el color del paisaje, imaginando nuevos colores, mares y atardeceres.
Ahi regreso en este momento exacto, y siento la perfeccion de la vida golpeando todos mis sentidos...